Un viaje sin retorno
En un par de horas llegamos, nos dijo a ella y a mí, tras poner el motor en marcha, iniciamos el viaje, al campo, el chofer se mostraba nervioso, pues observaba constantemente el espejo retrovisor, actitud que empezaba a inquietarme, pero minutos mas tarde, trate de tranquilizarme y de disfrutar del viaje, fue cuando le pedí que prendiera la radio , a lo cual ni siquiera respondió, ella solo observaba por la ventanilla para comenzar a sacar fotografías al paisaje, el cual nos impactaba cada vez mas, por sus distintos tonos de verdes en los pastos que asoman por allí y las formas irregulares del relieve.
Cuando logre olvidar sus actitudes alarmantes, un auto negro aparece detrás nuestro, el cual comienza a seguirnos lentamente, el observa mas seguido el espejo retrovisor y empieza a disminuir la velocidad, ella sigue sin percibir lo que ocurría, continua congelando sus ultimas realidades, cuando de repente frena el auto, la sacan del auto, y se alejan para siempre de mi vida quedándome solo el recuerdo de sus ojos negros en mi memoria.
Antes de partir a ese viaje, siento la necesidad de despedirme de todos mis seres queridos, no quiero olvidarme de ninguno, a los que no puedo visitar, los llamare por teléfono, hasta que no quedo ninguno sin que yo lo saludara.
Al subir al auto sólo pienso en disfrutar, relajarme y olvidarme del ajetreo de la ciudad, emprendemos el viaje, al salir a la ruta, una paz invade mi alma, empiezo a sentir algo inexplicable, en fin saco la cámara del bolso y comienzo a fotografiar el hermoso paisaje, lo cual me hace olvidar que vengo acompañada por un hombre maravilloso.
En medio del camino, solo estamos nosotros en la ruta, el ruido de otro auto interrumpe mi paz, comienzo a sentir que el chofer disminuye la velocidad, me alarmo un poco, pero pienso son suposiciones mías, y continué sacando fotos, cada vez mas lenta la marcha, hasta que frena y me sustraen solo a mi del auto, mis ojos temerosos se engrandecieron en los del él para lograr proporcionarle un ultimo adiós.
Se que aquella tarde me ha convertido en un hombre cruel y sin escrúpulos, pero la vida no me da otra opción, necesitaba el dinero, que me habían prometidos por entregar a la niña que cumplía dieciocho años, ya se convertía en una hermosa mujer y era una buena paga.
Comenzamos el viaje, trataba de tranquilizarme, pero mis ojos me jugaban una mala pasada, no dejan de posarse en el espejo retrovisor, tenia instrucciones precisas, alejarme un poco de la ciudad, tomar un camino poco transitado, cuando el auto negro se aproximara, aminorar la marcha, luego detener el auto, destrabar las puertas .Luego solo restaba esperar el pago de aquel trabajo. Pero no fue así hoy me encuentro cumpliendo una condena por aquella tarde, en el que el dinero le gano una batalla a la moral.
LILIANA JARA
En un par de horas llegamos, nos dijo a ella y a mí, tras poner el motor en marcha, iniciamos el viaje, al campo, el chofer se mostraba nervioso, pues observaba constantemente el espejo retrovisor, actitud que empezaba a inquietarme, pero minutos mas tarde, trate de tranquilizarme y de disfrutar del viaje, fue cuando le pedí que prendiera la radio , a lo cual ni siquiera respondió, ella solo observaba por la ventanilla para comenzar a sacar fotografías al paisaje, el cual nos impactaba cada vez mas, por sus distintos tonos de verdes en los pastos que asoman por allí y las formas irregulares del relieve.
Cuando logre olvidar sus actitudes alarmantes, un auto negro aparece detrás nuestro, el cual comienza a seguirnos lentamente, el observa mas seguido el espejo retrovisor y empieza a disminuir la velocidad, ella sigue sin percibir lo que ocurría, continua congelando sus ultimas realidades, cuando de repente frena el auto, la sacan del auto, y se alejan para siempre de mi vida quedándome solo el recuerdo de sus ojos negros en mi memoria.
Antes de partir a ese viaje, siento la necesidad de despedirme de todos mis seres queridos, no quiero olvidarme de ninguno, a los que no puedo visitar, los llamare por teléfono, hasta que no quedo ninguno sin que yo lo saludara.
Al subir al auto sólo pienso en disfrutar, relajarme y olvidarme del ajetreo de la ciudad, emprendemos el viaje, al salir a la ruta, una paz invade mi alma, empiezo a sentir algo inexplicable, en fin saco la cámara del bolso y comienzo a fotografiar el hermoso paisaje, lo cual me hace olvidar que vengo acompañada por un hombre maravilloso.
En medio del camino, solo estamos nosotros en la ruta, el ruido de otro auto interrumpe mi paz, comienzo a sentir que el chofer disminuye la velocidad, me alarmo un poco, pero pienso son suposiciones mías, y continué sacando fotos, cada vez mas lenta la marcha, hasta que frena y me sustraen solo a mi del auto, mis ojos temerosos se engrandecieron en los del él para lograr proporcionarle un ultimo adiós.
Se que aquella tarde me ha convertido en un hombre cruel y sin escrúpulos, pero la vida no me da otra opción, necesitaba el dinero, que me habían prometidos por entregar a la niña que cumplía dieciocho años, ya se convertía en una hermosa mujer y era una buena paga.
Comenzamos el viaje, trataba de tranquilizarme, pero mis ojos me jugaban una mala pasada, no dejan de posarse en el espejo retrovisor, tenia instrucciones precisas, alejarme un poco de la ciudad, tomar un camino poco transitado, cuando el auto negro se aproximara, aminorar la marcha, luego detener el auto, destrabar las puertas .Luego solo restaba esperar el pago de aquel trabajo. Pero no fue así hoy me encuentro cumpliendo una condena por aquella tarde, en el que el dinero le gano una batalla a la moral.
LILIANA JARA

